Elegir la potencia adecuada puede suponer decenas de euros al año de diferencia en tu factura. Te explicamos cómo calcularla, cuáles son los valores más habituales en España y cuándo merece la pena cambiarla.
La potencia contratada es el límite máximo de consumo simultáneo que has acordado con tu comercializadora eléctrica. Se mide en kilovatios (kW) y determina cuántos aparatos puedes encender a la vez en tu hogar sin que la instalación "salte".
El dispositivo que controla ese límite se llama ICP (Interruptor de Control de Potencia). Está situado en tu cuadro eléctrico, normalmente en una caja precintada por la distribuidora, y su función es cortar el suministro automáticamente cuando el consumo instantáneo supera la potencia que tienes contratada.
Es importante no confundir el ICP con el diferencial o interruptor diferencial: el diferencial protege a las personas ante fugas de corriente (derivaciones a tierra), mientras que el ICP solo actúa cuando consumes más potencia de la contratada. Ambos están en el cuadro, pero cumplen funciones distintas y su actuación tiene causas diferentes.
Desde 2019, con el nuevo sistema de telegestión, muchos contadores digitales integran el ICP de forma virtual: el corte por exceso de potencia lo gestiona el contador directamente, sin necesidad de un elemento físico independiente. En cualquier caso, el efecto es el mismo: si te pasas de tu potencia contratada, el suministro se corta hasta que reduces el consumo.
El método más directo es sumar la potencia máxima de los aparatos que puedes tener en marcha al mismo tiempo. No se trata de sumar todos los equipos de la casa, sino de pensar en los escenarios de uso simultáneo más habituales.
Estos son los consumos aproximados de los electrodomésticos más comunes en una vivienda española:
Ejemplo práctico: imagina que a las 8 de la tarde tienes la vitro en marcha cocinando (3.500 W), la lavadora (2.200 W), el AC del salón (2.000 W) y la iluminación (600 W). El total es 8.300 W = 8,3 kW. Con una potencia contratada de 6,9 kW el ICP saltaría. Necesitarías al menos 8,6 kW, o bien adaptar tus hábitos de uso para no coincidir todos los equipos a la vez.
En la práctica, no todos los equipos funcionan al máximo simultáneamente, así que puedes aplicar un factor de simultaneidad de entre el 0,7 y el 0,85. En el ejemplo anterior, multiplicando 8.300 W × 0,75 obtienes 6.225 W, lo que encajaría con una potencia de 6,9 kW con margen razonable.
La normativa española establece potencias normalizadas con incrementos de 1,15 kW. Las más comunes en viviendas son:
Para viviendas más grandes (más de 100 m²), con climatización eléctrica completa, bomba de calor o acumulador de agua caliente potente, los valores de 8,05 kW, 9,2 kW o incluso 11,5 kW pueden ser necesarios. A partir de cierto nivel de consumo, puede ser interesante valorar el suministro trifásico si la instalación lo permite.
Si tienes o vas a instalar un punto de recarga para coche eléctrico (wallbox), la potencia necesaria aumenta considerablemente. Un wallbox monofásico estándar de 7,4 kW necesita esa potencia disponible en el momento de cargar. Si tu vivienda ya está en 6,9 kW, tendrás que subir o bien instalar un wallbox con gestión de carga dinámica, que se adapta a la potencia disponible en cada momento y evita que salte el ICP.
La gestión de carga dinámica es la solución más elegante: el wallbox "inteligente" monitoriza el consumo del hogar en tiempo real y carga el coche solo con la potencia que no está usando el resto de la instalación. Esto significa que si estás cocinando (3.500 W) con 6,9 kW contratados, el wallbox solo usará los 3.400 W restantes, cargando más despacio pero sin cortes.
Si tienes placas solares de autoconsumo, la potencia contratada sigue siendo relevante porque las placas no eliminan la dependencia de la red en momentos de alta demanda o de noche. Sin embargo, si tu sistema solar genera excedentes durante el día, puede compensar parte del término de energía. La potencia contratada (término fijo) no se ve afectada por la generación solar.
En instalaciones con batería de almacenamiento, la batería puede cubrir picos de demanda y, en algunos casos, justificar una potencia contratada menor. Esto requiere un estudio específico del perfil de consumo.
El coste de un cambio de potencia depende fundamentalmente de si el cambio es solo contractual o si requiere intervención en la instalación física.
Si tu instalación existente y el contador ya admiten la nueva potencia solicitada, el cambio se tramita directamente con la comercializadora eléctrica sin necesidad de electricista. El coste administrativo es variable según comercializadora, pero oscila entre 30 y 80 € en la mayoría de los casos. Algunas comercializadoras no cobran nada si cambias dentro de ciertos límites. El tiempo de gestión es de unos 7-15 días hábiles.
Si necesitas subir mucho la potencia y tu instalación es antigua, puede ser necesario adaptar el cuadro eléctrico, cambiar los conductores o realizar otras mejoras para que la instalación soporte la nueva demanda con seguridad. En ese caso, el electricista deberá emitir un boletín eléctrico (certificado de instalación) que acredite que la instalación cumple con el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión (REBT).
Si llevas meses sin que salte el ICP y nunca usas más de la mitad de tu potencia contratada, estás pagando un término fijo de potencia más alto del necesario. Bajar la potencia puede suponer un ahorro real en la factura mensual.
En la tarifa regulada PVPC, el término de potencia cuesta aproximadamente 0,12-0,15 €/día por kW contratado (varía según periodo y año). Bajar de 6,9 kW a 5,75 kW supone reducir el coste fijo en torno a 3-5 €/mes. No es un ahorro espectacular, pero es constante y no requiere cambiar ningún hábito.
El síntoma más claro de que necesitas más potencia es el ICP que salta con frecuencia, especialmente cuando coinciden varios electrodomésticos en uso. Subir la potencia elimina esos cortes y la incomodidad asociada, a cambio de un incremento en el término fijo de la factura.
También conviene plantearlo si vas a instalar un wallbox para coche eléctrico (sin gestión dinámica), una bomba de calor para climatización o un acumulador eléctrico de agua caliente de gran capacidad. En estos casos, la nueva potencia debe calcularse teniendo en cuenta el nuevo equipo.
La regla práctica: si el ICP salta más de una vez por semana o si vas a incorporar un equipo de más de 3 kW, merece la pena pedir que un electricista calcule la potencia óptima para tu caso concreto.
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No, son dispositivos distintos aunque ambos se encuentran en el cuadro eléctrico. El ICP (Interruptor de Control de Potencia) actúa cuando el consumo instantáneo supera la potencia contratada con la comercializadora. El diferencial o interruptor diferencial detecta fugas de corriente a tierra y protege a las personas de electrocuciones. Si lo que salta de forma repetida es el diferencial, el problema no es la potencia contratada sino una fuga eléctrica en la instalación que debe revisarse.
Depende del tipo de cambio. Si solo quieres modificar el valor contratado y tu instalación ya lo soporta, puedes gestionarlo directamente con tu comercializadora eléctrica por teléfono o a través de su web, sin necesidad de un electricista. Sin embargo, si el cambio requiere adaptar la instalación (cuadro, cableado, fusibles) o emitir un nuevo boletín eléctrico, es obligatorio contar con un instalador eléctrico autorizado que firme el certificado correspondiente.
Sí, la potencia contratada determina el término fijo de potencia que pagas cada mes independientemente de cuánta energía consumas. Cuanto mayor es la potencia, más pagas en ese concepto fijo. El término de energía (lo que pagas por los kWh consumidos) es independiente de la potencia contratada. Por eso, tener más potencia de la que realmente necesitas supone pagar un fijo más alto sin obtener ningún beneficio.
Si la instalación eléctrica de tu vivienda no está dimensionada para la nueva potencia (por ejemplo, los cables son demasiado finos o el cuadro tiene fusibles de menor capacidad), aumentar la potencia contratada puede generar calentamiento de conductores y riesgo de incendio o cortes frecuentes por sobreintensidad. Por eso, antes de subir la potencia es imprescindible que un electricista autorizado revise si la instalación lo permite o qué adaptaciones son necesarias. En instalaciones antiguas es frecuente que sea necesario renovar el cuadro y parte del cableado.